Jóvenes, formación y empleo
De primeras quiero dejar claro que este artículo refleja única y exclusivamente mi opinión y mi forma de ver las cosas. Prácticamente no me voy a sostener ni en datos, ni estadísticas ni nada similar. Suficientes datos nos están dando últimamente todos los periódicos sobre paro, independencia económica, formación, etc. Aviso además que este post puede molestar a parte de la juventud.
Desde hace unos días El País está elaborando una serie de reportajes y entrevistas sobre el paro en la juventud española que agrupa en un macro-reportaje titulado Preparados. El debate no es para nada nuevo, los últimos datos del INE reflejan un paro entre los 16 y los 29 años que alcanza el 42,1%, aunque es cierto que entre los jóvenes licenciados desciende considerablemente, sigue estando por encima de la media de paro nacional.
Desde luego es una situación muy preocupante. Podemos ponernos como excusa que nadie supo predecir esta crisis económica en la que nos encontramos, y tampoco nadie supo predecir que llegaríamos a los niveles de paro que tenemos actualmente, nos ha cogido "por sorpresa" prácticamente a todos. Aun así, había cosas que sí sabíamos o si podemos intuir desde jóvenes.
Antes de iniciar mis estudios de Sociología, recuerdo que tanto mi familia como la gente adulta con la que hablaba sobre los estudios, futuro laboral y demás, me decían siempre lo mismo: "ponte las pilas porque los jóvenes lo vais a tener difícil". Tampoco solían decir mucho más, todo se quedaba en esa sentencia clara y dura, pero en 1º y 2º de Sociología empecé a entender por qué lo decían, o al menos empecé a relacionar las cosas que estudiaba con aquel aviso. Recuerdo cuando vi la típica pirámide de población de la población española, una como esta:
Cuando vi un gráfico parecido pero con los datos de los primeros años 2000, yo tendría alrededor de 20 años. En esta gráfica yo pertenecería al grupo de 25 a 29, pero el análisis es igualmente válido. Lo primero que pensé (y lo que deberían pensar los jóvenes entre 20 y 30 años que la vean ahora) fue: Por delante de mí están los tres grupos de edad más numerosos actualmente en la sociedad española, la gente entre 30 y 44 años. Juntos suponen unos 12 millones de españoles, aproximadamente el 40% de la población activa. Si nos fijamos sólo en el colectivo entre 30 y 39 años, estaríamos hablando de más de 8 millones de personas, en torno al 27% de la población activa.
Se trata de un grupo de población que se ha incorporado al mercado de trabajo más o menos recientemente, así que tengo que competir por un puesto de trabajo no solo con la gente de mi generación, sino con las generaciones que están justo por delante de mí, que tendrán una formación similar o superior a la mía y cuentan ya con varios años de experiencia. La conclusión que saqué es que, efectivamente, tenía que ponerme las pilas. Era fundamental entrar en el mercado laboral lo antes posible y coger experiencia. No me planteaba continuar con ninguna otra licenciatura, máster, ni curso, sino que en 4º de Sociología me puse a buscar y conseguí entrar de becario en una empresa.
Iba a clase por la mañana, trabajaba 4 horas por la tarde, cobraba poco (lo típico para un puesto de becario), por la noche estudiaba y dormía 5 ó 6 horas entre semana. Así durante dos años. Se hizo duro, pero también he de reconocer que una carrera como sociología, que no es especialmente difícil, te permite hacerlo si uno se esfuerza. Cuando terminé la carrera tenía dos años de experiencia y ya tenía trabajo con un contrato fijo. Mientras, la mayoría de la gente de mi edad que conocía no quería saber nada de entrar como becario en una empresa ya que no querían no tener tiempo para nada y cobrar una miseria. E incluso después de terminar las carreras que estaban estudiando, muchos (no todos eso sí) tampoco estaban decididos a entrar aun en el mercado de trabajo, por lo que se pusieron a estudiar una segunda carrera, un máster, etc.
Y con esto llegamos finalmente a la situación de hoy en día y que El País está reflejando en sus reportajes de Preparados: Cientos de jóvenes con una preparación ejemplar (al menos el curriculum académico parece ejemplar), con varias carreras, masters, idiomas... pero en muchos casos con edades cercanas a los 30 años y ningún tipo de experiencia profesional. Ayer, en una entrevista realizada a Álvaro González-Alorda en El País, uno de los internautas daba, en mi opinión, en todo el clavo:
Soy Ingeniero informático, posgrado desarrollo web, máster MBA y master en educación. Allá donde voy me piden experiencia, así pues mi pregunta es ¿sirve para algo estudiar en este país? Por lo que veo sirme más 3 años de experiencia que todos los estudios del mundo.
Efectivamente. Los jóvenes se están preocupando tanto de tener más títulos que el vecino (y que no implica necesariamente estar más y mejor formado) que se olvidan de la experiencia laboral, que es absolutamente esencial. Cuando posiblemente cualquier empresa tenga ya personal de tu misma edad (o incluso más joven) que, aunque con menos formación, lleva demostrando desde hace un tiempo que realiza de forma adecuada su trabajo. En resumen: miles de jóvenes buscan una primera experiencia profesional, pero han retrasado tanto la búsqueda que se va haciendo cada vez más difícil de conseguir. Y además las que ofrecen no son ni mucho menos en las condiciones que a uno le gustaría después de pasarte 10 años estudiando y con dos o tres títulos bajo el brazo (condiciones por las que sí pasó el becario mientras estudiaba). Y si uno vuelve mirar la pirámide de población se puede ver que los jóvenes entre 15 y 24 años lo van a tener aún más difícil que los jóvenes de mi generación.
De todas formas, quiero dejarlo claro: Estudiar sí sirve de algo. Pero centrarse sólo en estudiar más cosas puede ser tan peligroso como estudiar de menos. La mayoría de las veces con una simple licenciatura estamos ya sobradamente cualificados para ejercer nuestro trabajo. Para muy pocos puestos es realmente necesario tener un MBA, una segunda licenciatura o un posgrado, así que piénsatelo muy bien antes de hacer uno. Es más, lo que recomiendo a todos los jóvenes que estén estudiando todavía es que se centren en estudiar y traten de buscar la primera experiencia profesional en su sector, aunque no sepas que es exactamente lo que quieres hacer. Trabajar desde joven sirve para coger experiencia e ir descubriendo hacia donde (o hacia donde no) quieres encaminar tu carrera profesional. Un Máster es realmente útil después de adquirir experiencia, pues ya vas a saber que es lo que quieres o que te resulta más útil. Llegado ese momento tal vez te parezca que es muy duro estudiar y trabajar al mismo tiempo, pero por eso un Máster o una segunda carrera tampoco es para todo el mundo, sino para aquellos que están dispuestos a hacer el esfuerzo y el sacrificio para sacarlo adelante. Es un grave error confundir ampliar tu formación con la sobrecualificación. Lo primero se desarrolla junto con la carrera profesional, lo segundo antes de haberla iniciado.
De lo que mi generación no ha sido consciente es de que cuanto antes entres en el mercado laboral, mejor. Nunca es tarde para ampliar tu formación, pero si se puede hacer tarde para buscar tu primer trabajo.
